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En interesantes charlas que mantuvimos los Mundanos hace muy
poco con Carlos Princz, en su programa “Tunel 57”, y  luego en el home mundano, con colegas y
amigos, uno de los temas salientes de ambas charlas, fue el sentimiento de poca
representatividad en los distintos organismos que nuclean a los músicos en
general. En ese tipo de charlas, creo que lo más jugoso del debate, es
siempre el debate en sí, y no el posicionamiento de ideas, aunque al final las
voces y los pensamientos concuerden en una misma dirección.

Cuando hablamos de representatividad, hablamos de una figura
digna de confianza para ejecutar acciones y dar soluciones, que cuente con
proyectos sustentables y que ejerza un liderazgo fuerte dentro del espacio. Pero
para que la representatividad sea plena, también es necesario a su alrededor, gente
que aporte diferentes puntos de vistas existentes en la comunidad de músicos,
capaces de introducir en la agenda, los asuntos más relevantes para los grupos
a los que representan, plantear alternativas respecto a las iniciativas de
otros, siendo los encargados de ofrecer a la comunidad de músicos, otras propuestas
y otros modelos de gestión con los que comparar los que tenemos.

Si nos ponemos a pensar, la mayoría de las organizaciones de
músicos, SADEM, UMI, FAMI, son concebidas de esa manera, para garantizar la
representatividad. Pero por qué estas entidades no logran representar al grueso
de la comunidad?

Una de las principales causas, es porque estas agrupaciones
no se acercan a los lugares, en donde se concentran los músicos, no forman
parte de la vida activa del músico, por ej: en los barrios, salas de ensayo,
shows en vivo, etc. Es el caso de la UMI, en que la mayoría de sus asociados, se acercan para averiguar
sobre cómo registrar sus temas, o editar sus discos, entre lo más destacable,
pero no para debatir ideas, o para relevar los problemas que les van surgiendo
en el día a día a los músicos independientes. Quizá estas organizaciones, estén abocadas a solucionar temas de fondo, en los cuales, en muchos casos comparto su posición y en otros no.

De eso se trata el tema que quiero tocar hoy, en que
podamos participar de una manera más activa, disentir de las formas, debatir y
proponer, sobre todo esta última, proponer, y la subrayo, porque
quejarse y criticar parece lo único en lo que la mayoría se destaca, pero son
muy pocos lo que tratan de aportar nuevas ideas, con la convicción de
difundirlas y hacerlas valer en los espacios en los que deben debatirse estos
temas. Pero atentos, no solo en las asociaciones de músicos se debate, también
en las salas de ensayo, en los bares, en los shows, con tu amigos, y en todas los
espacios en donde se logren reunir dos o más personas.

Con esto, no quiero inculcarles un proselitismo impropio,
pero el tema puede tornarse muy apasionante, cuando logramos enumerar la cantidad
de problemas que hoy sufrimos los músicos independientes, empezando por
nosotros mismos. Y digo esto porque a veces somos nosotros mismos, los que
atentamos contra nuestra fuente de trabajo.

En reiteradas conversaciones con Charli (cantante y líder de
Mundanos), ponemos de manifiesto, que ser músico no se trata sólo de rockear,
sino que detrás del rocker escénico, cada uno debe hacerse cargo de un montón
de responsabilidades, que dejarlas libradas al azar, hace que se desvalorice nuestra
banda, nuestra condición de músico, y sobre todo nuestro gran aporte al
desarrollo cultural de nuestra sociedad.

Desde ya espero poder abrir con esto una puerta al debate, y
sería muy rico para esta columna, que puedan aportan su punto de vista, sobre
este tema y diversificar los contextos en que se podría llegar a aplicar lo expuesto.

Dejo en el tintero, las responsabilidades del músico, que comentaba anteriormente, el cual trataremos de desarrollar en otra oportunidad.

Saludos.

Alberto Tejedor

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Extracto de una charla casual en un bar de San Telmo, entre
dos personas que recién se conocen, llamemos a esas personas A y B.

A – Ché a qué te dedicás?

B – Soy músico.

A – A si? Y qué tocás?

B – Toco la guitarra en una banda de Rock.

A – Que bueno, y en que banda tocás?

B – La banda se llama Distorsion!

A – Ahh, no la escuché, salieron en algún lado?

B – Sí, tocamos todos los fines de semana, salimos en un
montón de radios, estamos en Facebook, Twitter, etc.

A – Mirá vos. Y de qué trabajás?

B –  …

Si de mí dependiera la respuesta a esta última pregunta, quizá le hubiera pedido que lea mi columna anterior, en la que hago referencia al trabajo del músico, …”si es que después del coma puede abrir los ojos…” [sic], pero más allá de nuestras diferencias, resulta interesante en este caso hacer un análisis.

Antes de seguir avanzando con este tema, sería conveniente que encontremos una definición para la palabra “trabajar”, y dice así: “Tener una ocupación estable, ejercer una profesión, arte u oficio” (fuente wordreference).

Más allá de esta contundente definición, podría afirmar que una
gran porción de quienes hacemos música, le responderían: “y…. soy empleado”, claro, jamás un :…”soy Director ejecutivo en una empresa de consumo masivo”, ó …”además de Músico, trabajo de…”, por lo tanto, según mi punto de vista, la pregunta de “A”, es atrevida, y muy cercana a nuestra realidad. Y por qué pasa esto?

Porque todavía, nuestros derechos como músicos se ven tergiversados, porque las instituciones que deben protegerlos, no lo hacen, no controlan las ejecuciones públicas de nuestras obras, no nos representan como sindicato, no existe una legislación a nivel nacional que regule nuestra actividad, por eso los continuos abusos que sufrimos los músicos independientes,  de los dueños de bares, boliches, centros culturales, pubs, grandes medios de comunicación, etc.

Pero…. esto ya se debatió, la ley ya casi está, la tienen que aprobar!, me dijo un colega, pero cómo paso, cuándo, dónde? Por qué no me enteré, acaso vivo en un frasco?

Yo me preocupo por informarme, pero no salía de los medios del grupo Clarín, por eso ni me enteré.  Vean 6,7, 8 en la televisión pública, te abre la mente.

Por lo tanto hasta que en el Senado traten el proyecto de ley, que se basa en la creación del Instituto Nacional de la Música, el mejor ejercicio que podemos practicar nosotros los músicos independientes, es hacer respetar nuestros derechos como músicos, y no ceder ante la explotación, el trato desigual, la precariedad, de muchos boliches, pubs y bares, que se abusan de su posición dominante para sacar rédito a costa del trabajo del artista.

Me parece bueno compartir con uds. para dar un final a esta columna, un extracto de los Fundamentos en que se basa el proyecto de ley, que está pensada para beneficiar principalmente a los músicos independientes:

…el margen para la exposición de aquellos artistas y productos

culturales ajenos a las grandes empresas díscográficas se va limitando cada vez

más. En otros términos, los que gozan de visibilidad son los músicos impulsados

por las campañas de marketing y promoción, que sólo pueden solventar las

díscográficas más importantes, nacionales o internacionales.

En nuestro país, además, la falta de espacios habilitados para la música en vivo y

la poca integración federal entre los lugares públicos y privados son otros de los

problemas que los músicos padecen cuando quieren recorrer nuestra Nación.

Por otra parte, es necesario exponer la necesidad de espacios para las distintas

expresiones culturales que excedan (o no estén determinados sólo por) las lógicas

del “mercado”.

Paradójicamente, la música que circula en forma persistente en todos los medios

de comunicación audiovisual (cine, televisión, radio, Internet) y en los medios

. gráficos, con entrevistas a músicos y distintos informes o noticias sobre el sector,

es una de las expresiones artísticas menos fomentada desde el Estado.

Sin embargo, en la Argentina, más allá de un panorama difícil muchísimas

personas intentan la aventura individual de comunicarse a través de la música y la

mayoría de ellos lo hacen con la pretensión de desarrollar un camino artístico y

profesional. A partir de allí, podemos arriesgar que nuestro país es uno de los

lugares con mayor producción artística original (aún a costa de un mercado que

cada vez es más selectivo y esta selección, por lo general, no se produce por

calidad sino por los dictámenes comerciales imperantes). Estos anticuerpos

culturales que genera la sociedad argentina merecen alguna respuesta no

invasiva por parte del Estado..<sic>

Saludos,

Alberto Tejedor

Seguime en Twitter: @AJTejedor

Lee el proyecto de ley completo: http://jazzycultura.files.wordpress.com/2010/08/lnm_senado_08_07_2010.pdf

En cuántos momentos de la vida, uno mira hacia atrás y ve el largo camino que ha recorrido, en el plano sentimental, laboral, familiar, etc. En este caso, me voy a situar en el plano laboral, más precisamente en la música como profesión.
A algunos, a esta altura del texto, ya les habrá atravesado un rayo fugaz por el cerebro preguntándose en forma irónica: la música es un trabajo? Pero hoy no voy a profundizar en ese punto, será en otra oportunidad.
Volviendo a los que les contaba al principio, veo que en mi incipiente carrera de aproximadamente 11 años con la música, contados a partir de mi primer presentación en un escenario, me encontré con algunos éxitos y un sinfín de fracasos. Entiendo que entre ambos resultados convive la experiencia, pero más allá de catalogar mi carrera en buena o mala, no puedo pasar por alto todo lo que me costó llegar a donde llegué y ser quien soy en la música.
No lector, no me comí la humildad para escribir esto, sé muy bien donde estoy parado y evidentemente si me conoce sabría a que me refiero.
Para mí el sacrificio por intentar vivir de lo que me gusta se resume en 11 años de ensayos, una, dos, tres y hasta cinco veces por semana, viajar de madrugada atravesando la Capital Federal en colectivo llevando en brazos a mi hija para poder ensayar, juntar centavo por centavo por años para poder comprar mis instrumentos, endeudarnos para poder editar un disco, pasar seis horas con 10° C al aire libre exponiendo el material de la banda, y muchas otras más, pero creo que ya tienen un panorama mucho más amplio y entienden a lo que me refiero cuando utilizo las palabras “costó” o “sacrificio”.
Y para vos… cuánto vale eso?
Más allá de la valorización que podrías dar sobre mi esfuerzo como músico, hay algo que considero que no podría faltar entre nosotros, el respeto.
Si me vieras por primera vez, y escucharas un tema de Mundanos, o me individualizarías en un “solo” de guitarra, podría llegar a gustarte o no, pero no deberías faltarme el respeto, porque justamente no conocés el esfuerzo que realizo día a día para poder vivir de esto. 
Pero pongamos el ejemplo en que sí, me faltaras el respeto, dejando en ridículo mi trabajo. Cuál es la forma en que debería reaccionar?
Se me ocurre como primera opción, un buen sopapo, pero descarto la violencia como forma de resolver nuestras diferencias, porque sería muy efímero el sentimiento de reivindicación, entonces sin la destreza física, me queda la palabra (pero no dudes que me encantaría darte una buena paliza). Y con la palabra del modo que la emplee y en el lugar que la emplee, me puedo diferenciar de vos, y de todos los que son como vos.
Por eso, haciendo uso del lugar que me toca ocupar, voy a ser justo en mis palabras, y les dedico el título de este texto, al dueño del boliche Green Hell, al “intento” de sonidista” que trabajó el Sábado 12-03-2011, y al encargado de seguridad…. no, perdón, al encargado de maestranza que le tocó de hacer de seguridad esa noche y nos supo tratar tan amablemente.  

Con todo respeto!

Alberto Tejedor, guitarrista de Mundanos.

Seguime en Twitter: @AJTejedor